A propósito de la presentación que tendrá el maestro en el Lunario del Auditorio Nacional este 27 de agosto, reproduzco la entrevista que se convirtió en portada de music:life Magazine en octubre del 2007.
Héctor Infanzón estará esta semana en cabina de Horizonte, no te pierdas las charlas en vivo: miércoles 25 de agosto/ 16:30 con Luis Gerardo Zavala y jueves 26 de agosto / 11:00 con Dagmar Ruíz
*********************************
EL PIANISTA DE LA CIUDAD
HÉCTOR INFANZÓN
SI LAS COSAS FUERAN FÁCILES…
Por: Erik Montenegro
Héctor Infanzón gusta de la movida citadina.
Es fanático de los lugares que guardan remanencias de un México que ya se fue.
Le deleita un jugo de naranja y el aroma a café impregnado en las paredes del Habanero, lugar de tradición en Bucareli, muy cerca del Reloj Chino en esta ciudad capital.
Entre fotografías gastadas por la vista, y meseras de azul uniforme, Héctor desborda alegría al tener prácticamente en sus manos su más reciente material. Todos recordamos la portada del álbum “Nos toca” con Héctor y el trío caminando por el centro de la ciudad de México con una dispensadora de deliciosos churros como elemento visual, sin olvidar los temas que se instalaron en el gusto del buen oído como el ahora clásico tema: “Azúcar”
Ahora llega “Citadino”, integrado por danzones, jazz latino y mucho de Infanzón.
Viene a la mente esa frase que escuché en casa una y otra vez: “si las cosas fueran fáciles, cualquiera las haría”, Héctor, el músico, compositor y arreglista lo sabe perfectamente, y con paso firme ha sabido andar el camino sin tropiezos y mejor aún, dejando pequeños trozos de arte a su paso. El café está en la mesa….
Héctor, ¿has considerado la responsabilidad de ser uno de los mejores pianistas contemporáneos mexicanos?
Alguna vez tuve una experiencia muy importante con Keith Jarrett. Un amigo me presentó con él en Bellas Artes, y lo hizo de una manera similar a lo que comentas: “Mira, te presento al mejor pianista de jazz que hay en México”.
Me sentí muy incómodo. Jarrett, que es muy agudo, inmediatamente se echó para atrás, se me queda viendo así como “no te creo” y me observa para después decir: “Mira que México es muy grande ¿eh?” quiero decir, es un halago por un lado; pero muy incómodo y me parece muy triste en algún momento. No puede ser que siendo tantos… de ahí viene la reflexión…
Creo que debe tener alguna valía el camino andado.
Esa parte si la tengo clara. Tampoco quiero pecar de falsa humildad.
Puedo decir con toda sinceridad que sí reconozco mi camino andado, como bien lo mencionas. Cuesta trabajo en ese sentido, porque uno todavía tiene la referencia de otras personas; pero también está la responsabilidad de que el trabajo que uno está haciendo logra tener repercusiones. Eso te hace responsable, no a nivel de imagen, sino en la parte artística y ética. Esa es la impresión que tengo.
Hablando específicamente de la parte creativa, ¿Cómo te alejas de los esquemas de imitación?
Recuerdo que tuve que pasar por la imitación como aprendizaje. Aprender el lenguaje propiamente a través de los demás. Después de años de estar tocando diferentes géneros, de pronto uno tiene su propia versión y visión de las cosas. Ese es el punto donde creo que se dividen incluso, las actividades de los músicos. Los que son intérpretes o los que son productores, los arreglistas y los que son compositores. Cuando me di cuenta que yo inmediatamente absorbía algo, lo modificaba y lo hacía como una versión personal, entendí que la composición es parte esencial de mi.
Es como ir al fondo de mis memorias, de mis recuerdos, de mis añoranzas, de mis desacuerdos y logros en la vida; mis deseos, mi futuro y el de este país. Vaya, todo este baúl de potencialidades.
Tengo mi postura clara. Ya sea social, política, ética; pero no necesariamente la plasmo tácitamente. Va de acuerdo con lo que quiero decir emocionalmente. Y a partir de eso, voy acomodando mis ideas, cualquiera que sea la temática que aborde. Si estoy abandonando a lo mejor, el género jazz por el purismo,- porque no alabo las cenizas que hay -, puede ser factible. No es algo que me preocupe. Quiero hacer música en cualquiera que sean los géneros que aborde.
Si combino una cosa con otra, me tiene sin cuidado si se me califica por salirme de un género para buscar en otro. Esa es la conveniencia de las disqueras, tienen que poner etiquetas a un artista, lo cual es un poco difícil. Aún más en esta época en que la fusión de géneros está dominando.
Esa es la manera en la que estoy componiendo la música.
Al escuchar tus composiciones resulta casi imposible pensar en un Héctor Infanzón tirado al romanticismo y al amor…Tú eres mucho más urbano…
Totalmente. Es un amor y desamor ,añoranzas, no necesariamente llevado a la tristeza. Puede ser incluso muy intenso rítmicamente. Eso es lo que me gusta. Existen partes muy nostálgicas, evidentemente; pero mucho de mi reacción es física.
(Reflexiona)…Lo prefiero. Soy muy rítmico, en ese sentido. Hasta un punto que, si armónicamente o melódicamente trabajo una idea de una sección; no tardo mucho en volver a la parte terrenal, rítmica, necesito yo mismo moverme y bailar. Igual encuentro mucha nostalgia en esos ritmos, no lo sé, cuando alguien escucha las melodías las percibe así, románticas, aunque yo tenga por debajo un patrón rítmico bastante fuerte.
Ahora, el tema que acabamos de grabar, que se llama “No, porque me acuerdo”, es un danzón, muy melódico; pero rítmicamente muy intenso, cambia de tiempo, es rápido y después se vuelve a una parte muy lenta y muy melódica. Ya lo van a escuchar…
Como todo buen danzón….
Es un buen danzón, tal cual. Un danzón de concepto. No pretendo ser purista tampoco en el género. No es una de las cosas que quiero hacer. Tomo el género sin ser irreverente, lo hago simplemente por la necesidad de explorar con ellos y llevarlos a otros términos. Es el camino que me gusta llevar. Sobre todo, romper con las estructuras. Mis composiciones no tienen la característica de los standars, que son formas más sencillas de A-B-A y tú improvisas sobre eso; hay sinfonías completas de esa forma. Maravillas de músicos increíbles. No estoy negando que sea una forma grandiosa, yo uso otras herramientas. Simplemente hago una sección completa para el tema, lo desarrollo; pero no necesariamente será la misma vuelta o la repetición de un círculo armónico; compongo con formas incluso libres, fantasías…
¿Cómo encuentras el tiempo para ser el compositor, tiempo para ser productor e intérprete?, es una combinación tal vez ¿cimentada en el equilibrio?
Es muy difícil. Son como tres carreras. Estamos como en un laboratorio de creación. En el caso del productor, te vuelves como un sastre. Así lo veo. Tienes un artista con determinado textil, con determinada voz, la manera de decir las cosas, su dicción, su timbre. Si a un artista nada más le gusta cantar, no hay muchas posibilidades de éxito, hay que ayudarle a potenciar su talento, su voz
Estoy pensando en el caso de Eugenia León, que ha tenido una carrera brillante pero con “Tatuajes” (álbum producido por Infanzón) me parece que se escribió una nueva historia.
¿Cuál es el proceso de la producción de un álbum? ¿Hasta dónde experimentas?
Es conocer al intérprete. Saber cuáles son sus inflexiones, cuáles son sus puntos de expresión. Es un trabajo de reconocimiento y a partir de ahí encontrar esa costumbre, ese color, esa textura. Entonces es como empaparte de esa expresividad al mismo tiempo que se crea el concepto, de tal forma que se integran una buena cantidad de temas y lo que hacemos es probar. Y los comparas: funciona, no funciona y producirlo hasta encontrar los temas que son los más adecuados.
En la época en que se hizo Tatuajes, era la época de fusión en la carrera de Eugenia, parecía que tenía que hacer el brinco internacional, digamos, sin perder esa mexicanidad; pero con una presencia más contemporánea. Era el momento de hacerlo. Y así sucedió. Me siento muy afortunado en ese sentido.
¿Eres duro en el proceso autocrítico?, antes de que salga el disco al mercado, tiene que primero enamorarte a ti, supongo… Que quedes 100% convencido.
El 100% es la carta de presentación. No hay cosa mejor que dar a luz, que tengas físicamente el disco. Hay muchas variantes en el proceso, incluyendo el guión del proyecto, y hay mucha interacción con gente que aporta ideas y se va modificando para bien. Entonces, es donde viene la parte autocrítica. Paras un momento para revisar el origen. Si hay acciones que lo mejoran, hay que irse por ahí. Gente que te da una opinión, que va a mejorar el proyecto.
Hay ocasiones en que ya el disco no da más. No porque no se pueda. Es cíclico. Para mi, esa parte energética ya se gastó, ya no puedes dar más. Llega un punto en que lo vas a echar para atrás, lo vas a echar a perder. En muchísimos proyectos me ha pasado: mejor lo hubiera dejado como estaba. Y así pasa.
No es simplemente salir a tocar y exponerme. .Tener la responsabilidad de, aunque colabore con otros artistas, productores y haga giras con otros artistas, etcétera; siempre debo volver a mi trabajo, a mi proyecto. Si hago un disco y lo armo, es lo que quiero decir. Mi propio ritmo, mi propia temporalidad. Es lo que lo hace, quizá, sobresaliente en el sentido honesto.
Me gusta lo que hago. Creo que tiene una propuesta. Tiene ya una identidad y eso es difícil. Ahora lo he estado observando, lo oigo con detenimiento, con una mirada más severa y es una necesidad. Ya me reconozco en cosas que no hacía hace mucho tiempo; pero al mismo tiempo quiero tocar como los héroes que yo tenía. Me costó trabajo; pero ahora si, con tranquilidad puedo decir: ese soy yo, en este momento. Sea lo que sea, ese soy yo.
No se trata de una competencia sobre una melodía original, que es ahí donde cae todo el mundo: no, es que ya lo dijo éste o aquél o ya lo escuché en tal disco. Es ir contra ese purismo, totalmente castrante, diría yo, y me parece que eso lleva para atrás el proceso de crecimiento del género y del artista mismo. Por eso estoy convencido de que, lo que hago, quizás sean las mismas progresiones armónicas; pero con un acomodo diferente. Por eso no suena igual. Eso es lo interesante; no pretendo que así sea cada que compongo: ahora no voy a hacer el estilo tal porque ya “fulano” lo hizo, entonces tengo que ser vanguardista a como dé lugar. No es así, porque estando en ese camino no vas a llegar a la meta nunca. Ser vanguardista por objetivo no lleva a ningún lado.
Así lo aplicas en tus discos….
Hago mis discos de una manera muy sentida. Soy como visor de mis propios instintos; de mis propias ideas. Me puedo proyectar mucho, empezamos a editar mis ideas y a darles forma. A veces salen completas. De ahí viene el oficio. Voy a pensar ahora en dodecafonismo*. Ya estoy imponiendo el tema, ¿Qué le meto? Aquí le hago un contrapunto*, aquí le meto una guaracha*. ¿Qué hago? Soy muy impulsivo. Es un parteaguas. Yo creo que es justo cuando descubrí plenamente de dónde venía y para dónde voy”.
Ya traes tu tarjeta de presentación.
En el sentido emocional. A veces tomo ideas de esa fuente para luego hacer las piezas. En el segundo movimiento del concierto para piano que acabo de componer, tomé un tema que ya tenía y lo desarrollé en siete minutos. Es el tema final del segundo movimiento. Ese me gustó; por eso te digo: no estoy plagiando; soy yo mismo ¿cuál es el problema? ¿cuál es el conflicto?
Aquí una pregunta ridícula; pero no deja de ser interesante. ¿Qué harías si mañana te levantas y descubres que han desaparecido del planeta todos los pianos? ¿Qué harías?
(Sorprendido)…. No sé. Fíjate que lo he pensado desde otro punto de vista, si me lastimara una mano. Nunca me ha pasado. ¿Qué pasaría si no pudiera tocar? Me entra una profunda tristeza.Para componer tengo que tocar. Voy en la calle y llego al piano, plasmo las ideas de ese paseo, las empiezo a tocar y las escribo; Ese placer es único. La composición siempre tiene algo que me encanta: tocar lo que compongo. Sé que no puedo componer y escribir estando pasivo. Está la otra parte: tocar lo que pide mi alma. Es lo que me mueve. Suena muy dramático, quizá; pero la pregunta es muy clara y mis razones son muy claras también. No poder tocar…no quiero ni pensarlo.
¿Tienes alguna presentación que recuerdes con cariño, de estas cosas memorables que terminaron como gran espectáculo?
Las que me vienen a la mente fueron en el Metro de la Ciudad de México. Esas fueron mucho muy emotivas. Fue un proyecto que se llamó “Sombrereando”. Fuimos a tocar al Metro con la convicción de que la gente no escucha jazz y que sólo es música para oídos conocedores. Tengo mis dudas. Ya lo corroboré. Yo digo que solamente hay que escarbarle un poquito y quitarle las capas; capas de emoción, de sensibilidad. No porque no lo sean, sino porque es diferente para cada uno. De tal manera que hay gente que es muy dura de llegarle; pero cuando salí con este proyecto le comenté a Áaron (Cruz) y a Giovanni (Figueroa) ¡estoy emocionado!. Vamos al metro, tenemos que hacer esto, ver a la gente en la calle, a ver qué pasa….
La primera vez tocamos en la Estación del Metro Chabacano. Fue una maravilla. Gente de todos los niveles sociales prendidos por igual. Muchos no sabían qué era esto. Se acercaban a preguntar. Los organizadores me decían: oye, ¿te ponemos un escenario? No, no, nada, nada. Lo único que había era una tarimita de 10 cm. No, les contestaba, lo que quiero es que la gente esté alrededor mío y nos rodee. Me llevé mi atril, mi piano y los chavos atrás de mi prendidísimos. ¡Oye, tócate ésta!. -Fíjate que esa no me la sé; pero te voy a tocar otras-. Me pedían la rola de “Vago”. Oye, tócate “La chica de Ipanema”. Lo logramos. Fue muy emotivo y hubo un montón de anécdotas. Si vale la pena dejar testimonio de eso.
Héctor Infanzón ríe, acomoda sus gafas, entrelaza los dedos de las manos, bebe su jugo y no deja de platicar, te mira de frente, se detecta de inmediato su amor por la música, por su trabajo. Las presentaciones en el Metro de la ciudad capital fueron grabadas con una cámara de video, y ya se prepara un DVD con el compendio de las imágenes bajo el título “Sombrereando”. Podemos decir de cierto, que México, tiene Héctor Infanzón para rato. Así sea.



















Lo que ustedes dicen